· Hasta 2016 / La lista
Seguí cada paso de la lista.
Cuando me gradué de la secundaria, seguí los consejos de mis padres para el éxito: ir a la universidad, conseguir un título, encontrar un buen trabajo, ascender, encontrar pareja, casarse, comprar una casa, tener hijos. A los 26, había hecho casi todo de esa lista, además de mudarme a otro país, aprender un segundo idioma y obtener certificaciones adicionales. Por fuera, parecía exitosa. Por dentro, no me sentía plena. Y el éxito sin plenitud es su propio tipo de fracaso.
· 2016 / La caída
Y todo se cayó al mismo tiempo.
El universo, o como prefieras llamarlo, tiene una manera curiosa de redirigirnos. En 2016, mi primer matrimonio terminó, el trastorno alimenticio empeoró, mi autoestima tocó fondo, el sueño de ser madre se hizo pedazos, y la casa que íbamos a comprar se cayó. Fue doloroso. Y de alguna manera, algo más grande que yo lo vio como una invitación para transformar mi vida y reconstruirla de una manera que de verdad me hiciera sentir plena y feliz.
· 2016-2019 / La reconstrucción
Me permití deshacerme y rehacerme lentamente.
Empecé por conocerme profundamente, desde el corazón, el alma y la esencia. Pasé años dentro de prácticas holísticas y espirituales: seminarios de crecimiento personal e inteligencia emocional, cientos de libros, meditación, sanación de centros energéticos (Reiki), regresiones a vidas pasadas, terapia de sanación angelical y terapia sistémica. Leí, me senté, escuché. Me permití deshacerme y rehacerme lentamente.
· 2019 / La promesa
Me hice una promesa.
En 2019, después de superar la bulimia y el comer compulsivo, me hice una promesa: ayudaría a tantas personas como pudiera, a quienes luchan con trastornos alimenticios, a mujeres atravesando rupturas y divorcios, a cualquiera cargando un peso demasiado pesado para llevar solo o que se sienta atascado/perdido. Empecé con familia y amigos, lo que me llevó a tanta magia que sentí que era momento de dedicarme a este trabajo a tiempo completo.